—¿Seguro que no quieres que te acompañemos? —preguntó Harry justo antes de que saliese por la puerta de nuestra nueva casa juntos. Asentí rápidamente, sin poder aguantar un minuto más metido ahí dentro sin poder salir por si acaso nos veía una fan. ¿Acaso eramos tan famosos?
—Volveré en un rato, cubrirme si pasa algo —avisé, saliendo cuanto antes de aquella casa. Nada más salir, el sol calentó mis brazos desnudos y comencé a andar con las manos dentro de los bolsillos, metido en mis pensamientos.
La ciudad está completamente iluminada tras el ocaso, demasiadas personas por las calles paseando y el sonido de las risas y voces llenan el silencio y me encontré a mí mismo embobado, viendo a los niños correr de un lado a otro.
Agité mi cabeza, caminando nuevamente ya que me había quedado embobado viendo a una pareja de novios caminar de la mano y me había parado. Sentí mis mejillas arder por quedarme mirándolos tan fijamente y seguí caminando sin rumbo.
Mi vida era una continua subida de emociones y estaba seguro de que en algún momento, en vez de ser sensaciones de felicidad y emoción, sería tristeza y dolor lo que reflejaría mi cara. Y no estaba preparado para eso, no después de tantas alegrías.
—Madre mía, voy a morirme de los nervios —escuché la voz de una chica a mi lado, quién iba andando deprisa junto a otra chica.
—Sally, de verdad, vas a hacerlo bien, llevas todo el verano preparándote este examen. Caí en cuenta en ese momento de que estábamos a principios de septiembre y con esto, llegaban las recuperaciones. Sonreí mirándolas, la rubia estaba más que nerviosa, deseosa de aprobar la asignatura, y la pelinegra se dedicaba a darle ánimos.
—¡Tengo miedo tía! —se quejó "Sally". Ambas siguieron andando deprisa hasta llegar a un edificio de tres plantas, con una enorme puerta blanca y junto a esta, el cartel obligatorio en todos los institutos donde ponía el nombre del instituto y un poco de información acerca de su programación.
Decidí seguirlas al no tener nada que hacer. Entraron por un largo pasillo con suelo de azulejos y en cuyas paredes había puertas de madera, tantas que parecían no acabar. Al final del pasillo, la pelinegra y la rubia se abrazaron y esta última entró a la clase, mientras que la otra se sentó en el banco color crema que había a la derecha de la puerta.
—Ya ha empezado el examen, pero a lo mejor te dejan pasar —me habló la pelinegra cuando estábamos lo suficientemente cerca. Me giré confundido al pensar que le hablaba a otra persona, pero no había nadie más allí.
—No, tranquila, estoy... Mirando el instituto. Em, mi hermano pequeño va a empezar nuevo aquí —le mentí.
—Vaya... Pareces más joven —se rió. —¿En qué curso estás?
—No estoy estudiando ahora —contesté con simpleza, devolviendo mis manos a los bolsillos del pantalón. —¿Y tú?
—Empezaré primero de la carrera. ¿Cómo te llamas?
—Louis. ¿Tú?
—Cece —me sonrió. —¿Y entonces... trabajas?
—Sí... —dudé. —Es un trabajo que me quita mucho tiempo.
—¿De qué trabajas? —preguntó curiosa y sonreí antes de contestar.
—Soy cantante —ella abrió los ojos con sorpresa y me indicó que me sentara. Quizás para seguir haciéndome preguntas.
—¿En una banda o solo? —preguntó. —Tengo que estar aquí la próxima hora y media y sé que voy a aburrirme si estoy sola —dejó caer, intentando que me quedara a hablar con ella.
—En una banda. One direction —contesté orgulloso.
—Me suena. Me suena un montón, he oído hablar de vosotros pero nunca os he escuchado.
—Estamos en YouTube —me encogí de hombros.
—Será lo primero que busque en cuanto llegue a casa —se rió.
—No lo dudo —le sonreí, aquella chica me causaba demasiada gracia.
Durante aquella hora y media que estuvimos esperando —ella a su amiga Sally y yo a nadie— me contó casi todo en lo que se resumía su vida u existencia. Habló, habló y habló como la persona extrovertida que me dijo que era y yo mismo estuve deseando que aquel examen se alargara para poder hablar mucho más con ella. Era la primera persona desconocida para mí que dejaba de lado mi parte famosa para hablarme como si fuese alguien invisible para el mundo de la fama y me sentí a gusto con ella. Porque después de estar en el punto de mira de varios medios de comunicación, periodistas y chicas enloquecidas, ella por fin me hacía olvidar todo aquello.
—¿Hola? —una voz lejana a nuestra conversación nos interrumpió en el momento en el cual Cece me contaba cómo se había quedado enganchada en una tirolina a los doce años y el mejor amigo de su hermano tuvo que sacarla de ahí.
—Hola Sally, ¿Qué tal el examen?
—Uf, creo que bien.
—¿Crees?
—Lo he respondido todo, pero tengo varias dudas sobre las respuestas.
—Seguro que has aprobado —le sonrió mi nueva amiga a Sally. —Oh, mira, él es Louis. Louis, ella es Sally, mi mejor amiga.
Saludé desde mi asiento y ella sonrió, tímida.
—¿Por dónde vas ahora?
—Por la derecha.
—Vaya... Nosotras vamos por la izquierda, Tienes WhatsApp, ¿verdad? —asentí y pedí su móvil, haciendo caso omiso a las indicaciones del mánager sobre difundir nuestros números de teléfono.
—Espero que nos veamos pronto —sonreí una vez llegamos a la puerta del instituto. —Un placer, Sally —Cece asintió y Sally se ruborizó sin remedio, contestando con un flojito igualmente.
—Hasta luego —se despidieron, caminando juntas.
—¡Adiós!
(Narra Liam)
@Anna_Thompson
¡Deja de stalkearme!
@Real_Liam_Payne
¡Dame tu número de teléfono!
@Anna_Thompson
¡No! Voy a bloquearte por acosador.
@Real_Liam_Payne
¡Te encanta esto! ¡Vamos, sólo quiero hablar!
@Anna_Thompson
Pero yo no JAJAJAJA
@Real_Liam_Payne
Iré hasta tu casa para conseguirlo.
@Anna_Thompson
No sabes dónde vivo :P
Sonreí después de releer la conversación que desde hacía tres días teníamos y me levanté del sofá, llevando una caja de cartón a una mesa. Revisé su contenido; una carta, mi nuevo muñeco que acababa de salir al mercado y una pequeña cinta de color naranja. Tras eso, salí de la casa con la caja ya envuelta en un paquete y caminé hasta la estación de correos, donde lo dejaría a disposición de los funcionarios que lo llevarían a casa de Anna.
Miré hacia el cielo al salir y solté una pequeña risa, deseando poder estar allí para ver su cara al ver que ya había obtenido la dirección de su casa.
—Volveré en un rato, cubrirme si pasa algo —avisé, saliendo cuanto antes de aquella casa. Nada más salir, el sol calentó mis brazos desnudos y comencé a andar con las manos dentro de los bolsillos, metido en mis pensamientos.
La ciudad está completamente iluminada tras el ocaso, demasiadas personas por las calles paseando y el sonido de las risas y voces llenan el silencio y me encontré a mí mismo embobado, viendo a los niños correr de un lado a otro.
Agité mi cabeza, caminando nuevamente ya que me había quedado embobado viendo a una pareja de novios caminar de la mano y me había parado. Sentí mis mejillas arder por quedarme mirándolos tan fijamente y seguí caminando sin rumbo.
Mi vida era una continua subida de emociones y estaba seguro de que en algún momento, en vez de ser sensaciones de felicidad y emoción, sería tristeza y dolor lo que reflejaría mi cara. Y no estaba preparado para eso, no después de tantas alegrías.
—Madre mía, voy a morirme de los nervios —escuché la voz de una chica a mi lado, quién iba andando deprisa junto a otra chica.
—Sally, de verdad, vas a hacerlo bien, llevas todo el verano preparándote este examen. Caí en cuenta en ese momento de que estábamos a principios de septiembre y con esto, llegaban las recuperaciones. Sonreí mirándolas, la rubia estaba más que nerviosa, deseosa de aprobar la asignatura, y la pelinegra se dedicaba a darle ánimos.
—¡Tengo miedo tía! —se quejó "Sally". Ambas siguieron andando deprisa hasta llegar a un edificio de tres plantas, con una enorme puerta blanca y junto a esta, el cartel obligatorio en todos los institutos donde ponía el nombre del instituto y un poco de información acerca de su programación.
Decidí seguirlas al no tener nada que hacer. Entraron por un largo pasillo con suelo de azulejos y en cuyas paredes había puertas de madera, tantas que parecían no acabar. Al final del pasillo, la pelinegra y la rubia se abrazaron y esta última entró a la clase, mientras que la otra se sentó en el banco color crema que había a la derecha de la puerta.
—Ya ha empezado el examen, pero a lo mejor te dejan pasar —me habló la pelinegra cuando estábamos lo suficientemente cerca. Me giré confundido al pensar que le hablaba a otra persona, pero no había nadie más allí.
—No, tranquila, estoy... Mirando el instituto. Em, mi hermano pequeño va a empezar nuevo aquí —le mentí.
—Vaya... Pareces más joven —se rió. —¿En qué curso estás?
—No estoy estudiando ahora —contesté con simpleza, devolviendo mis manos a los bolsillos del pantalón. —¿Y tú?
—Empezaré primero de la carrera. ¿Cómo te llamas?
—Louis. ¿Tú?
—Cece —me sonrió. —¿Y entonces... trabajas?
—Sí... —dudé. —Es un trabajo que me quita mucho tiempo.
—¿De qué trabajas? —preguntó curiosa y sonreí antes de contestar.
—Soy cantante —ella abrió los ojos con sorpresa y me indicó que me sentara. Quizás para seguir haciéndome preguntas.
—¿En una banda o solo? —preguntó. —Tengo que estar aquí la próxima hora y media y sé que voy a aburrirme si estoy sola —dejó caer, intentando que me quedara a hablar con ella.
—En una banda. One direction —contesté orgulloso.
—Me suena. Me suena un montón, he oído hablar de vosotros pero nunca os he escuchado.
—Estamos en YouTube —me encogí de hombros.
—Será lo primero que busque en cuanto llegue a casa —se rió.
—No lo dudo —le sonreí, aquella chica me causaba demasiada gracia.
Durante aquella hora y media que estuvimos esperando —ella a su amiga Sally y yo a nadie— me contó casi todo en lo que se resumía su vida u existencia. Habló, habló y habló como la persona extrovertida que me dijo que era y yo mismo estuve deseando que aquel examen se alargara para poder hablar mucho más con ella. Era la primera persona desconocida para mí que dejaba de lado mi parte famosa para hablarme como si fuese alguien invisible para el mundo de la fama y me sentí a gusto con ella. Porque después de estar en el punto de mira de varios medios de comunicación, periodistas y chicas enloquecidas, ella por fin me hacía olvidar todo aquello.
—¿Hola? —una voz lejana a nuestra conversación nos interrumpió en el momento en el cual Cece me contaba cómo se había quedado enganchada en una tirolina a los doce años y el mejor amigo de su hermano tuvo que sacarla de ahí.
—Hola Sally, ¿Qué tal el examen?
—Uf, creo que bien.
—¿Crees?
—Lo he respondido todo, pero tengo varias dudas sobre las respuestas.
—Seguro que has aprobado —le sonrió mi nueva amiga a Sally. —Oh, mira, él es Louis. Louis, ella es Sally, mi mejor amiga.
Saludé desde mi asiento y ella sonrió, tímida.
—¿Por dónde vas ahora?
—Por la derecha.
—Vaya... Nosotras vamos por la izquierda, Tienes WhatsApp, ¿verdad? —asentí y pedí su móvil, haciendo caso omiso a las indicaciones del mánager sobre difundir nuestros números de teléfono.
—Espero que nos veamos pronto —sonreí una vez llegamos a la puerta del instituto. —Un placer, Sally —Cece asintió y Sally se ruborizó sin remedio, contestando con un flojito igualmente.
—Hasta luego —se despidieron, caminando juntas.
—¡Adiós!
(Narra Liam)
@Anna_Thompson
¡Deja de stalkearme!
@Real_Liam_Payne
¡Dame tu número de teléfono!
@Anna_Thompson
¡No! Voy a bloquearte por acosador.
@Real_Liam_Payne
¡Te encanta esto! ¡Vamos, sólo quiero hablar!
@Anna_Thompson
Pero yo no JAJAJAJA
@Real_Liam_Payne
Iré hasta tu casa para conseguirlo.
@Anna_Thompson
No sabes dónde vivo :P
Sonreí después de releer la conversación que desde hacía tres días teníamos y me levanté del sofá, llevando una caja de cartón a una mesa. Revisé su contenido; una carta, mi nuevo muñeco que acababa de salir al mercado y una pequeña cinta de color naranja. Tras eso, salí de la casa con la caja ya envuelta en un paquete y caminé hasta la estación de correos, donde lo dejaría a disposición de los funcionarios que lo llevarían a casa de Anna.
Miré hacia el cielo al salir y solté una pequeña risa, deseando poder estar allí para ver su cara al ver que ya había obtenido la dirección de su casa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario