martes, 23 de octubre de 2012

Capitulo 1

(Narra Anna)

—¡No, no, no, para! —dije intentado escapar de él.

Verano, una espléndida y buenísima tarde, y con la compañía de John en mi jardín. Mientras él hacía el idiota de un lado para otro, yo aguantaba la respiración y me apretaba el costado, tratando de parar el dolor que me producía la risa que tan fuertemente surgía de mi garganta. Decir que se me oía en ese momento al otro lado de la calle era poco.

—¡Ey, no te escapes! —dijo John volviendo a por mí.

—¡No! ¡Para! ¡Qué me da mucha risa! —casi no podía hablar y todavía seguía riéndome.

—¡Pues ya verás ésta! —contestó y seguidamente puso una cara muchísimo más graciosa.

Si antes no me habían oído reírme, en ese momento lo habrían hecho, me estaba riendo demasiado y sentía una felicidad increíble en esos momentos. Decidí salir a la puerta para ver si conseguía parar mi dulce tortura y relajarme por un momento.

—Mira, esa chica se ríe casi mas fuerte que tú, Niall —me señaló un chico con el pelo rizado. Él y dos chicos más me miraron casi cómo si estuviera loca y sentí mis mejillas enrojecer.

—¿¡Te estas metiendo con ella?! —gritó John saliendo del jardín, quién conocía mi personalidad pasiva y mi forma de callarme cuando algo me molestaba. Por ello, desde que nos hicimos amigos, él era el único que me defendía siempre aunque fuese por la más mínima cosa, probablemente porque yo era como una de sus hermanas pequeñas.

—John, déjales, no han dicho nada malo —dije apartándolo, él iba en dirección al pequeño grupo y me daba miedo verlo metido en peleas. Aquellos tipos estaban ligeramente musculados.

—¡Pero si se estaban burlando de ti! —insistió comenzando a enfadarse.

—¡Oye! ¡Para! La chica tiene razón —habló el rubio.

—La chica tiene nombre ¿Sabes? —le gritó John. Rodé los ojos, siempre hacía una montaña de un grano de arena. Quizás era lo único que no podía soportar de él.

—John, ¿Pero quieres parar ya? —pedí mientras me acercaba a él.

—¡NO! ¡Pídele perdón! —esta vez gritó mas fuerte.

—Oh vamos John ¿Quieres dejarles en p…—no me dio tiempo a terminar mi frase ya que alguien se lanzó sobre mí cayendo al suelo conmigo.

—¡Ay! ¡¿Qué haces?! —le chillé a la chica que se tiró encima mío.

—Lo siento, lo siento ¿Te has hecho daño, enana? —dijo ella, Violet, mi mejor amiga de vez en cuando se dedicaba a intentar romperme la espalda.

—Sí, estoy bien, ayúdame a levantarme ahora —ordené, a nuestro alrededor los tres chicos se estaban riendo, menos John, obviamente, él estaba serio.

—¿Te has hecho daño? —preguntó un chico viniendo hacia mí. Era un chico moreno con el pelo un poco largo, parecido al de los rizos. A su lado estaba otro chico que llevaba el pelo hacia arriba, en una pequeña cresta.

—Sí, sí, estoy bien. Alguien me ha tirado al suelo —mencioné mirando a Violet.

—Pero si no te has hecho nada —se excusó ella.

—¿Segura? —se aseguró él y yo asentí. —Me llamo Liam, y ellos son Louis, Zayn, Harry y Niall —se presentó mirando a sus maleducados amigos.

—Yo soy Anna, y ellos son Violet y John —dije señalándolos.

—Menuda mala leche tiene tu amigo, ¿no? —murmuró Harry.

—Y tú aún no le has pedido perdón —le amenazó.

—Por dios, ¿No vas a parar? Métete a casa, anda —ordené señalando la puerta de mi casa.

—¡Oye! Aquí el que manda soy yo, que soy el mayor —se señaló.

—Sí, además, tú eres la más pequeña —se burló Violet apretándome los mofletes.

—¿¡Te quieres estar quieta!? —dije quitándole las manos de mi cara. —¿Me tenéis que poner siempre en  ridículo delante de todo el mundo? —me quejé mirándolos resignada.

—No, pero como John me lo hace pues yo te lo hago a ti —aclaró dándome un beso en la mejilla.

—Mira, Louis son iguales que Harry y tú —mencionó Zayn.

—Oh, ¡Te quiero Harry! —exclamó Louis abrazándolo.

—¿Vivís aquí? —preguntó Niall.

—Sí, claro —dijo Violet parando de darme besos.

—Bueno, entonces nos volveremos a ver —dijo Liam despidiéndose, sin dejarme claro a qué se refería con eso.

—Adiós —nos despedimos los tres al unísono. Entramos en la casa mientras ellos se iban y miré el pequeño reloj colocado a la derecha de la puerta principal.

—Pues eran majos —escuché decir a Violet desde el salón.

—Menos el de los rizos —se quejó John aún molesto.

—Pero si no había dicho nada malo y ya estabas enfadado, eres demasiado protector —recriminé. Él bufó y sacó su nuevo móvil del bolsillo de sus vaqueros.

—Bueno, me tengo que ir ya— avisó. —Además tienes cena con tus primas —se burló cogiendo una camiseta que previamente se había olvidado en mi casa.

—Sí, vienen mis primas —me recordé de mala gana.

—Adiós cielo —se despidió Violet dándome un beso en la mejilla y me pregunté a qué había venido tan tarde si ya sabía que yo tenía cosas que hacer.

—Te quiero, adiós —simplemente me despedí, cerrando la puerta cuando se fueron.

—Bueno, pues a ducharse —hablé sola, y me reí de mí misma. Al salir de la ducha me puse unos vaqueros cortos con unas medias negras debajo y una camiseta rosa. Me puse las botas, cogí la chaqueta vaquera y salí de casa. (http://www.polyvore.com/ana_cap%C3%ADtulo/set?id=77919004)

Me dirigí al restaurante en el que había quedado con toda la familia y me felicité mentalmente por haberme echado una chaqueta por si refrescaba más tarde. Llegué y suspiré, me esperaba una larga noche. Al tener todas mis primas menos de diez años, yo era, con diferencia, la más mayor, la responsable y el "modelo a seguir", es decir, la persona a la que copiar, cosa que me irritaba de sobremanera.Al parecer mis familiares estaban sentados en una gran mesa colocada en la terraza y charlaban animadamente. Tras un par de minutos saludándolos, me senté en mi sitio a la izquierda de mi padre y comenzó mi tortura.

Al acabar la comida, los mayores decidieron quedarse charlando y las niñas cruzaron de acera para jugaren un parque que había frente al bar. Al acercarme yo a ellas tras casi media hora que ellas pasaron riéndose, comencé a mirarlas de una a una; Sophie, Alisson, Amber y Frankie estaban saltando a la comba en uno de los extremos, Lauren y Hayden se encontraban deslizándose por el tobogán y Skyler, Wendy y Claire corrían de un lado a otro haciendo pausas para saltar en unas colchonetas. Al contarlas a todas, se me paró el corazón.

—¿Dónde está Marie? —les pregunté con mi corazón latiendo a mil por hora.

—Se ha ido corriendo por allí —dijo Claire señalando a la izquierda de la calle.

—¿¡Cómo que se ha ido!? ¡Quedaos aquí, voy a buscarla! —las dejé allí y comencé a correr lo máximo que los tacones me permitían.

(Narra Liam)

Habíamos pasado una gran tarde tras una larga semana llena de trabajo. Darnos a conocer era una de las tareas más difíciles de esta empresa y el ejemplo estaba en los tres adolescentes de aquella tarde, ni siquiera las chicas (Quienes parecían ser más receptoras de nuevas bandas de música) habían conseguido reconocernos y aquello nos bajó bastante el ánimo.

Acabábamos de salir de un pequeño bar dónde habíamos decidido cenar y ahora los chicos se iban a una nueva discoteca. Yo había decidido volverme a casa, estaba cansado. Iba a cruzar la calle, se puso en rojo y me paré, vi como una niña pequeña de unos 4 o 5 años corría donde estaba yo, iba a cruzar cuando la cogí en brazos, justo antes de que pasara un coche que iba demasiado rápido. "Uff menos mal" pensé.

—Deberías mirar antes de cruzar la calle, ¿Dónde está tu mama? —pregunté mientras la dejaba en el suelo de nuevo. Justo cuando ella iba a abrir la boca, una chica llegó corriendo.

—¡Marie! Menos mal que estás bien —dijo abrazándola. —Menudo susto me he llevado.

—Hola —le dije a la chica.

—Hola, menos mal que la has cogido a tiempo —dijo cogiendo a la pequeña en brazos. Sonrió al reconocerme de aquella tarde.

—Volvemos a vernos —mencioné mirándola, si no me equivocaba era la misma chica con la que habíamos hablado aquella tarde los chicos y yo.

—Sí, muchas gracias, en serio, si no llega a ser por ti me matan,

—No ha sido nada, ¿Es tu hermana? —le pregunté mirando a la pequeña.

—No, es prima, hoy me toca cuidarla, ha salido corriendo y no me había enterado —dijo mirando a la pequeña. —De verdad, muchísimas gracias —volvió a agradecer.

—En serio, para de agradecérmelo, no ha sido nada —me reí. —¿Qué tal si intercambiamos números? —intenté conseguir su número de teléfono. Ella se rió y negó con la cabeza.

—Va a costarte un poco más, Liam —me guiñó un ojo mientras reía, dispuesta a irse. Me quedé embelesado con su forma de decir mi nombre y sonreí tontamente.

—¡Nos veremos! —grité, viendo como se alejaba y escuché su risa a lo lejos, cálida.

—Buenas noches —murmuré saliendo de allí, descolocado.


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